Sobre “Cuidado y Conocimiento de sí mismo” en M. Foucault

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Este apunte es tomado de “La hermenéutica del sujeto”, de sus cursos de 1982, específicamente la Primea Lección y Anexo de dicha obra.

La fórmula “conócete a ti mismo” va acompañada siempre de otra exigencia: “ocúpate de ti mismo”; Foucault enseña que entre estos preceptos existe una relación de subordinación, ya que el conocimiento de uno mismo es únicamente un caso particular de la preocupación por uno mismo, una de sus aplicaciones concretas.

Épiméleia

La épiméleia, “ocuparse de uno mismo” es el principio filosófico que predomina en el modo de pensamiento griego, helenístico y romano; también se ha convertido en lo básico de cualquier conducta racional, de cualquier forma de vida activa que aspire a estar regida por el principio de la racionalidad moral.

  • Equivale a una actitud general, a un modo de enfrentarse al mundo, a un determinado modo de comportarse, de establecer relaciones con los otros.
  • La épiméleia heatou es una determinada forma de atención, de mirada. Implica una cierta forma de vigilancia sobre lo que uno piensa y sobre lo que acontece en el pensamiento.
  • Designa un determinado modo de actuar, a través del cual, uno se hace cargo de sí mismo, se modifica, se purifica, se transforma o se transfigura
  • Esta noción implica un corpus que define una manera de ser, una actitud, formas de reflexión.

Privilegio del conocimiento de sí mismo

La filosofía occidental ha privilegiado el conocimiento de sí mismo por encima de la preocupación por uno mismo; según Foucault se debe a que nosotros hemos extrapolado estas reglas, las hemos transferido introduciéndolas en el interior de un contexto en el que domina la ética general del no-egoísmo, ya sea bajo la forma cristiana de la obligación de renunciar a uno mismo, o de un modo más moderno, de la obligación para con los otros, entendiendo por tales a la colectividad, la clase, etc.

Nos encontramos con la paradoja de que el precepto de la preocupación por uno mismo significa para nosotros egoísmo o repliegue, mientras que, por el contrario, durante muchos siglos ha sido un principio matricial de morales extremadamente rigurosas (epicúrea, cínica, etc.).

El cristianismo ha integrado el rigor moral de la preocupación por uno mismo en una moral del no-egoísmo, aunque otra razón más profunda de este abandono se encuentra en la historia misma de la verdad.

El cartesianismo puso, una vez más, el acento en el conocimiento de uno mismo convirtiéndolo en una vía fundamental de acceso a la verdad.

Filosofía

Para Foucault, la filosofía es una forma de pensamiento que intenta determinar las condiciones y los límites del acceso del sujeto a la verdad.

Espiritualidad

Foucault la define como la búsqueda, prácticas y experiencias a través de las cuales el sujeto realiza sobre sí mismo las transformaciones necesarias para acceder a la verdad, entre las que se encuentran las purificaciones; las ascesis1; las renuncias; las conversiones de la mirada; las modificaciones de la existencia que constituyen el precio a pagar por tener acceso a la verdad, para el sujeto, para el ser mismo del sujeto.

  • La verdad no le es concedida al sujeto de pleno derecho, sino que éste debe transformarse a sí mismo para acceder a ella.
  • No puede existir la verdad sin una conversión o transformación del sujeto; a través del impulso de eros y por medio del trabajo que el sujeto realiza sobre sí mismo para convertirse al fin en un sujeto capaz de lograr la verdad mediante un movimiento de ascesis.
  • El acceso a la verdad produce un efecto de retorno a la misma sobre el sujeto; es la verdad lo que ilumina al sujeto.

Espiritualidad y Acceso a la Verdad

Foucault entiende que existe en la verdad, en el acceso a ella, algo que perfecciona al sujeto, su ser mismo, o lo transfigura. Desde la antigüedad , la cuestión filosófica de cómo tener acceso a la verdad, y la práctica de la espiritualidad constituyen dos cuestiones que pertenecen al mismo registro y que no pueden ser tratadas por separado.

En la época moderna, la verdad ya no puede salvar al sujeto, el saber se acumula en un proceso social objetivo. El sujeto actúa sobre la verdad pero ya no al revés.

Se ha dado una ruptura y según señala Foucault, la teología tiene la clave.

Procesos de liberación

Foucault insiste más las “prácticas de libertad” que en los procesos de liberación que, si bien tienen su espacio, no pueden por sí solos definir todas las formas de prácticas de libertad.

El análisis de las relaciones de poder se encuentra a veces con “hechos o estados de dominación”, en los que las relaciones de poder en lugar de ser inestables y permitir a los diferentes participantes una estrategia que las modifique, se encuentran bloqueadas e inflexibles. En una situación así, las prácticas de libertad no existen, o sí, pero sólo unilateralmente, o se ven recortadas y limitadas extraordinariamente.

Acuerda Foucault con que la liberación es, en ocasiones, la condición política o histórica para que puedan existir prácticas de libertad; abriendo campo a nuevas relaciones de poder que hay que controlar mediante prácticas de libertad.

Cuidado de sí mismo como una práctica de libertad

La libertad es la condición ontológica de la ética; y a su vez la ética es la forma reflexiva que adopta la libertad. En la antigüedad, la ética, en tanto que práctica reflexiva de libertad, giró en torno al imperativo fundamental de “cuida de ti mismo”.

En un sentido socrático-platónico, el cuidado de sí es el conocimiento de sí; pero también el conocimiento de reglas de conducta o de principios que son a la vez verdades y prescripciones. El cuidado de sí supone hacer acopio de estas verdades y es así como se ven involucradas la ética y el juego de la verdad.

El sujeto se constituye de una forma activa, a través de las prácticas de sí, sin embargo éstas no son algo que se invente el individuo mismo; constituyen esquemas que él encuentra en su cultura y que le son propuestos, sugeridos e impuestos por su sociedad, cultura y grupo social.

  • El cuidado de sí es ético en sí mismo, pero implica relaciones complejas con los otros, en la medida en que convierte al sujeto en alguien capaz de ocupar en la ciudad, en la comunidad, o en las relaciones interindividuales, el lugar que le conviene.
  • El cuidado de sí implica una relación al otro, en la medida en que, para ocuparse bien de sí, es preciso escuchar las lecciones de un maestro.
  • El cuidado de sí tiene siempre como objetivo el bien de los otros; tiende a gestionar bien el espacio de poder que está presente en toda relación, es decir, gestionarlo en el sentido de la no-dominación.
  • El cuidado de sí es éticamente cuidado de los otros, en la medida en que la relación a uno mismo es ontológicamente la primera.

Poder

Cuando Foucault habla de “poder” no es más que para abreviar una expresión que le parece más apropiada: relaciones de poder; con lo que se refiere a que en las relaciones humanas de cualquier tipo, el poder está siempre presente; o sea, se refiere a cualquier tipo de relación en la que uno intenta dirigir la conducta del otro.

  • Estas relaciones de poder son siempre móviles, reversibles e inestables.
  • No pueden existir relaciones de poder más que en la medida en que los sujetos sean libres; o cuando al menos existe algún grado de libertad.
  • En las relaciones de poder existen necesariamente posibilidades de resistencia, ya que si no existiesen tales, no existiría la relación misma.

Politica y Filosofía

Las relaciones entre política y filosofía son permanentes y fundamentales; si se considera el cuidado de uno mismo en el pensamiento griego, esta relación es evidente.

Se desarrollará aún más, cuando el filósofo se convierta en el consejero, pedagogo, y director de la conciencia del príncipe.

 

 

Notas: se utilizó para este apunte, la publicación de La Piqueta, cuya edición y traducción estuvo a cargo de Fernando Alvarez-Uría, por cierto es notable que la misma es muy deficiente. Al momento no se tiene información respeto a la fecha de edición; así como tampoco el nombre del fotógrafo cuya maravillosa obra encabeza este apunte.

1 Según la RAE, reglas y prácticas encaminadas a la liberación del espíritu y el logro de la virtud.

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